Plaza huerto San Agustín

Plaza huerto San Agustín
Re-Ciclo, 30-60 Cuaderno latinoamericano de
arquitectura, Córdoba – Argentina. 2016
ISBN 9789871385607

https://goo.gl/LbPmLz

 

Caminante, te invito a detener el paso un momento, en cualquier calle, en cualquier esquina, detente. Fija la mirada en un espacio de la ciudad y con un ejercicio imagínalo 30 años atrás.  ¿Cuantas cosas han cambiado? Repite el ejercicio, esta vez retrocede al siglo XIX, a las calles de piedra, a las extensiones de cultivos que hoy son asfalto, intenta incluso ir más atrás, ¿cómo era esa ciudad en la que hoy caminas?

La ciudad cuenta una historia siempre sin final y a veces sin sentido, solo unos ojos agudos y una mente prolija pueden reconstruir la narrativa e iluminar un capítulo de la ciudad. La Plaza-Huerto San Agustín es la crónica que intenta reconstruir esa narrativa urbana.

Ubicada en el mítico Centro Histórico de Quito, entre las calles Guayaquil y Flores, atravesada por la Calle Mejía, con 2.800 m2 de superficie, la Plaza-Huerto, finalizada en el año 2016, se implanta a los pies de la fachada posterior de la iglesia-convento de San Agustín que datan del siglo XVII. Los arquitectos Esteban Jaramillo y Christine Van Sluys son las autores de esta intervención que busca poner en valor la memoria urbana del lugar.

El planteamiento surge luego de analizar cuatro momentos claves en la historia de este espacio.

  • 1748 La plaza no existe. En el plano de la ciudad la plaza no es más que el huerto trasero del convento, no existe la calle que lo atraviesa y el solar amurallado de los agustinos ocupa dos cuadrantes del damero.
  • 1878 Aparece la calle Mejía. En el diario “Últimas Noticias” de Quito, del 18 de abril de 1964 se publica la crónica “La lagartija que abrió la calle Mejía”[1] que narra las pintorescas circunstancias en las que se consigue dar continuidad a la calle. Así lo demuestra un plano de Quito unos años más tarde.
  • 1964 Se derriba parte del convento para construir un edificio de hormigón. En la misma crónica se menciona, “los padres agustinos acaban de derribar trabajosamente un enorme edificio antiguo conventual para levantar en su lugar otro de carácter moderno” El edificio rentero ocupó el lote del proyecto entre los años 1964 y 2015, ocultando por completo la vista posterior del edificio patrimonial del Convento San Agustín.
  • 2015 Se derriba el edificio de hormigón. Se plantea la creación de una plaza.

Aquí tenemos el punto de partida para lo que será la intervención contemporánea. Al igual que anteriores encargos de carácter público JARAMILLO VAN SLUYS encuentran la punta del ovillo en el pasado. Saben que a lo largo de la historia ese espacio fue un vacío que debe ser incorporado en la trama urbana por lo que su primera acción es reconstruir el trazado vial reubicando la Calle Mejía para conseguir su continuidad. El acierto de colocar la calle a nivel de vereda no es solo un  gesto que unifica los dos cuadrantes que alguna vez estuvieron juntos, sino que de esta manera el espacio se lee en unidad, otorgando una plaza de dimensiones considerables a un volumen imponente como es el convento adyacente.

Cabe preguntarse ¿Qué relación tiene este espacio con las emblemáticas plazas de otros monumentos religiosos del Centro Histórico? ¿Se pueden comparar? La verdad es que Plaza-Huerto San Agustín no entra a competir con la jerarquía de las plazas emblemáticas de Quito, se define como la recuperación de un vacío, no deja de ser un patio posterior, con la diferencia de que esta vez se abre al público, busca ser un espacio doméstico para los habitantes, a escala humana, un lugar al alcance de los sentidos.

Las plataformas y las rampas son el recurso base para alcanzar ese objetivo y salvar los casi cinco metros entre las calles que configuran la plaza, consiguiendo así la circulación peatonal (a pie y sobre ruedas). Aquí el transeúnte puede atravesar o bordear el espacio de forma libre, continua y sin maniobrar demasiado. La intervención además ha contemplado los materiales y condiciones apropiadas en  piso y escaleras para la accesibilidad universal.  La orientación y la vista desempeñan un papel fundamental a la hora de definir el lugar para sentarse y promover la posibilidad de tener encuentros cotidianos, es por eso que a lo largo de la plaza se han dispuesto jardines que configuran micro paisajes vegetales, sumado a los juegos infantiles la plaza busca fortalecer actividades para adultos mayores y niños, un trabajo en escala pequeña que definitivamente le dan al lugar un carácter doméstico.

La ausencia del edificio expone dos planos sobre los cuales debe articularse la plaza. El primero es el muro de contención del convento revestido en piedra de casi 8 metros de altura y el segundo es la plataforma de un antiguo patio de estacionamientos que ahora liberado hará de nivel de partida para el programa que contempla: dos locales, una zona de sombra al aire libre, baños públicos, dos plazas estacionamiento de uso de los agustinos, además del acceso a la circulación vertical del convento y que son contenidos en una pérgola metálica de 4.50 metros de altura. Por otra parte la gran celosía vertical se suma al proyecto con el fin de dar una fachada al volumen adosado al convento, volumen que no pudo ser intervenido y que fue necesario incorporar.

No se han configurado espacios que solamente permiten a la gente ir y venir, sino que se han creado condiciones favorables para deambular, entretenerse y participar en un abanico de actividades sociales y recreativas. Actividades que hacen atrayente y significativo estar en Plaza-Huerto debido a su sensibilidad con el entorno y los sentidos. Se han dispuesto placas metálicas con los planos urbanos históricos como parte del mobiliario, otras, a nivel de piso y cada 1.50 m, dibujan el perfil del edificio desaparecido, a esto se suma la estatua en bronce de San Agustín sin base ni pedestal caminando sobre la plaza en una versión humanizada del santo, y los jardines a 45 grados tal y como fueran los jardines conventuales del siglo XVII. Estos son entre otros los elementos urbanos que componen esta intervención que da lugar a una plaza lúdica, didáctica para el lector de la ciudad y práctica para el transeúnte apurado. En un casco histórico que se conformó a lo largo de 500 años a partir de los poderes políticos y religiosos, ahora en el siglo XXI, los paradigmas contemporáneos incorporan criterios de accesibilidad universal,  inclusión, respeto al peatón y a la naturaleza.

“Al igual que con el pronóstico del clima, no se puede definir un método preciso para predecir cómo la gente utilizará un espacio”, sin embargo, para “provocar encuentros cotidianos y contactos funcionales, el marco físico desempeña indudablemente un papel crucial y directo”[2]. La Plaza-Huerto San Agustín cumple con brindar ese espacio. El éxito o no de esta intervención solo podrá ser medido con el uso social de esta plaza, y debe ser pensado como un proceso y no como un proyecto, solo así se entenderá el valor patrimonial que puede llegar a tener un vacío, lo no construido, el espacio público como catalizador de las dinámicas urbanas.

[1] Marín, L. A. (2003). La largartija que abrió la calle Mejía. Quito: Grupo Cinco Editores.
[2] Gehl, J. (2013). La humanización del espacio urbano. Navarra: Reverté.
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