Casa en el Carrizal

Casa en el Carrizal
Publicado originalmente en
Casas, 30-60 Cuaderno latinoamericano de arquitectura,
Córdoba – Argentina. 2016
ISBN 9789871385577

https://goo.gl/4FqZkL

 

Algunos objetos propios del andinismo – cables, chapas, mosquetones – son parte de la estructura de la cocina donde hablo con Mercedes y Chapico (la pareja propietaria), cocina que por otra parte, nos recuerda no solo por esos detalles al hábitat de los Andes. Contribuyen a esta impresión, la amplitud y protagonismo de este espacio y la falta de decoración (floreros, figuritas de porcelana y otras zarandajas) sin la que no puede vivir la burguesía Quiteña.

Chapico (montañista) me invita un café, el aroma del café recién pasado invade la casa y, ambos me cuentan con generosidad la historia de este, su nuevo hogar, antes de llevarme a recorrerlo.

El proyecto inicia en el año 2014, Mercedes (historiadora de arte) conoció a Daniel Moreno en el colegio, de ahí la relación con los autores. Sebastián Calero en cambio ha venido trabajando algún tiempo con Daniel. Los jóvenes propietarios luego de rodar por varios lugares, sintieron la necesidad de establecer su “campamento base” y encontraron un sitio en el sector de La Morita, en el Valle de Tumbaco a los alrededores de Quito.

Árboles cítricos habitaban el terreno antes que ellos, el proyecto supo sortear la naturaleza y generar vacíos para que la casa pudiera proyectarse hacia el exterior y conseguir convivir ambos, refugio y vegetación. “Nosotros somos los que invadimos” me dice Mercedes al referirse al primer momento en que enfrentaron el terreno. “Ellos (los autores) fueron estrictos al no permitir eliminar ningún árbol”, “ellos se pusieron las reglas y fueron tajantes al momento de cumplirlas”.

La casa se levanta del suelo y se ordena a partir de un corredor que la atraviesa longitudinalmente en sus dos plantas. Esta distribución permite generar vacíos entre los volúmenes e incorporar la vegetación al interior. Se trata de una casa expuesta, con grandes ventanales por donde ingresa el verde y la luz, y sin embargo es el mismo verde el que genera un filtro y cumple el papel de cortina natural para que la intimidad de la casa sea acogedora.

El proceso involucró a los clientes desde el principio, se plantearon un sin número de reuniones donde se les invitó a soñar para luego cumplir en conjunto los anhelos de casa. “En principio quisimos una cava, por eso empezamos por el hueco”. El hueco es el núcleo de la casa, un espacio simbólico de intimidad, se entierra bajo el nivel del terreno y es un lugar para estar. Del piso, que está hecho con ladrillo que salió de otra construcción, emergen como parte de la traba, ladrillos nuevos en vertical que se transforman en banca. Madera que en otra vida fueron cajas, configuran el mobiliario suspendido del hueco. Hasta aquí llegan las escaleras, también suspendidas, también recicladas.

Tensadas están la mesa del comedor, los corredores, las puertas en el piso. Reciclados además están los peldaños, las chapas de los tensores, las 30 columnas de madera que salieron de una antigua fábrica que clientes y arquitectos se dieron el trabajo de recoger y reparar. Y es que la fórmula que opera sobre la casa, soluciona cada detalle y cada espacio, una formula sencilla e invisible hasta que se hace materia, puerta, escalera, ascensor.

El ascensor es una plataforma controlada por tensores y poleas que conecta la triple altura de la casa desde el hueco hasta la planta de los dormitorios, en ella asciende y desciende un pequeño huerto y la ropa sucia. La plataforma es un vehículo que se utiliza para comunicar todas las plantas y hacer más eficiente el habitar.

 

La fórmula sigue operando, son eficientes también las cubiertas que recogen el agua lluvia y las instalaciones sanitarias que hacen lo mismo con las aguas grises, un tanque de tratamiento limpia las aguas del jabón con el fin de recircularla por toda la casa y alcanzar los huertos que se extienden en los diferentes pisos. El tanque final que realizará la recirculación aún no está construido, es el próximo objetivo en mente. Mercedes y Chapico concuerdan en que “la casa nunca se acaba”, “es un ser vivo” , hablan del compromiso que han asumido al momento de habitarla, cuidan de los jardines, proyectan huertos, nuevas entradas y salidas. Ellos construyen la casa y la casa les construye a ellos.

Mercedes y Chapico no estuvieron solos en esta construcción, les acompañaron la familia y los amigos. Las mingas, que en quechua significa «trabajo colectivo hecho en favor de la comunidad» fueron los encuentros que pusieron la casa en pie. El intercambio de saberes y el cariño de la gente le dieron a los espacios la armonía y la belleza que ahora se percibe en el lugar. Fabián, el albañil que acompañó el proceso, fue el primero en transmitir a todos el amor por su trabajo, resignificando el oficio con inventiva y paciencia.

Inventiva, porque en la Casa en el Carrizal nada esta preconcebido. Los lavabos son macetas, las manijas de la puerta son ángulos de hierro, las luces se prenden desde una pequeña cadenita debajo de cada foco, la grifería es de tubo doblado. El piso de la cocina es el experimento exitoso de combinar madera y ladillo para luego replicarlo en toda la casa, una combinación que perciben los sentidos por debajo de la planta del zapato al caminar. Una casa para los sentidos.

La sala principal está ubicada en el exterior de la casa a la sombra de una cubierta de carrizo, el baño no tiene puerta sino cortina y los corredores a doble y triple altura no tienen pasamanos. “Cuando los niños visitan la casa, son los padres los que tienen miedo” en su experiencia al escalar los Andes Chapico aprendió sobre el instinto de supervivencia, “los niños tienen ese instinto y no debemos educarles con miedo”, “no se diseña desde el miedo”. La casa les invitó a reaprender el código aprendido, a salir de su zona de confort y a soñar con nuevas maneras de vivir.

En la planta baja están la cocina, el comedor y los espacios de trabajo. Los volúmenes de estos últimos se encuentran enfrentados entre sí, un volumen para ella y otro para él. El espacio se transforma cuando sus ventanales se recorren y el espacio se proyecta hacia el exterior unificando las áreas y encontrándolos alrededor de un árbol de aguacate. En la planta alta están los dormitorios y el baño. Cada ambiente está acompañado de una terraza viva, la vegetación se eleva y el paisaje montañoso lejano se integra con el jardín próximo.

El recorrido termina en la terraza más alta, trepando por escaleras, caminando por el techo, en los rincones más íntimos de la casa y a la vez más expuestos. Rodeado de la generosidad del paisaje y la de los anfitriones que me dijeron en esas alturas que para escalar un objetivo se necesita “equilibrio y paciencia.”

 

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